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El Argentino

PRO y La Libertad Avanza: tensiones políticas impactan en Villa Gesell y reconfiguran el escenario en Argentina


El vínculo entre el PRO y La Libertad Avanza empezó a mostrar grietas. No es una ruptura formal, pero sí un proceso evidente de distanciamiento político que ya se expresa en el territorio, en el Congreso y en los gestos de sus principales dirigentes. En las últimas horas, distintos movimientos terminaron de confirmar que esa relación atraviesa una etapa de redefinición. Algunos son sutiles; otros, más explícitos. Pero todos apuntan en la misma dirección.

Uno de esos movimientos tiene impacto directo en Villa Gesell: Hernán Luna, un dirigente conocido en la ciudad, formalizó su incorporación a La Libertad Avanza. Su recorrido político no es nuevo. Había construido vínculos con dirigentes del PRO como Diego Santilli y Alejandro Carrancio, relación que en su momento le permitió acceder a la jefatura local de ANSES, en el marco de acuerdos políticos previos con ese espacio. Luna, sin embargo, evitó anticiparse. No utilizó ese cargo como plataforma electoral en 2025 y acompañó al armado libertario cuando todavía no tenía referencia consolidada a nivel local, cuando aún no habían aparecido otros nombres en ese esquema. Ahora, con el escenario más definido, terminó de dar el paso. En paralelo, también se registran salidas dentro del espacio libertario, lo que confirma que su estructura aún está en proceso de acomodamiento: mientras algunos llegan, otros se van.

El caso de Mar del Plata funciona hoy como un espejo de lo que ocurre a mayor escala. El intendente Guillermo Montenegro, uno de los dirigentes del PRO que más impulsó el acercamiento con Javier Milei, empezó a reordenarse políticamente después de quedar fuera del gabinete nacional. La decisión de Karina Milei de bloquear su ingreso —con la designación de Juan Bautista Mahiques en Justicia— marcó un punto de inflexión y generó malestar en ámbitos donde se daba por descontada su llegada. A partir de ahí, los gestos comenzaron a acumularse. El más visible fue la decisión de que su bloque de concejales vuelva a llamarse PRO, un cambio que, en términos políticos, está lejos de ser menor. La medida se conoció después de la reunión del PRO bonaerense encabezada por Mauricio Macri, donde se planteó la necesidad de reconstruir el partido y pensar una estrategia electoral propia.

En paralelo, crecen las tensiones internas en el distrito. Montenegro mantiene el control político del municipio, aun estando de licencia, mientras el intendente interino intenta afirmarse en un delicado equilibrio entre sus aspiraciones y la interna. En ese contexto, cerca del jefe comunal dejan trascender una definición clave: no habrá entrega del municipio a La Libertad Avanza. Incluso reaparecen viejos cortocircuitos con dirigentes libertarios como Alejandro Carrancio, que ya habían marcado diferencias en el pasado.

Durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei, el PRO funcionó como sostén político y parlamentario, al punto de convertirse en una pieza central para el funcionamiento legislativo del oficialismo, aportando experiencia, estructura y acompañamiento en votaciones clave cuando La Libertad Avanza recién comenzaba y carecía de organización propia. Pero esa etapa empieza a quedar atrás. Desde el entorno de Mauricio Macri comenzaron a aparecer críticas más claras. El diagnóstico es que el ordenamiento macroeconómico, por sí solo, no alcanza: señalan problemas de gestión, falta de política y deficiencias en la implementación. También marcan una diferencia conceptual: el PRO propone un modelo capitalista, no anarcocapitalista, y cuestiona el retiro del Estado en áreas sensibles como la obra pública y el funcionamiento de organismos clave como la Aduana, ANMAT, SENASA y la Cancillería. En una de sus últimas apariciones, Macri fue directo al calificar como “criminal” el estado de las rutas, tanto por su impacto en la seguridad como en los costos logísticos.

En paralelo, el distanciamiento empieza a reflejarse también en el Congreso. El PRO no busca confrontaciones estridentes ni escenas de choque —no pretende “subirse al show” ni participar de dinámicas que consideran impropias—, pero eso no implica alineamiento automático. Por el contrario, comienza a marcar una posición más autónoma. En ese marco, el partido ya trabaja por su cuenta en investigaciones vinculadas a funcionarios del oficialismo, como el caso del presunto enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni, donde entienden que se lo ha colocado como chivo expiatorio dentro de una problemática más amplia. También aparecen otros temas sensibles, como el escándalo vinculado a la estafa con criptomonedas conocida como Libra, o cuestionamientos sobre la gestión en áreas como ANSES. La lógica que empieza a imponerse es clara: los problemas del oficialismo los tiene que resolver el oficialismo, y el PRO no está dispuesto a asumir costos políticos ajenos.

Este proceso también tiene una dimensión estructural. La Libertad Avanza logró desplegarse en los distintos distritos en gran medida gracias al soporte territorial del PRO. Sin embargo, si ese andamiaje se retrae y el PRO avanza con estrategia propia, el oficialismo enfrenta un desafío concreto: la falta de fiscales y de estructura en todo el país, un factor determinante en cualquier elección argentina. Por eso, desde el entorno de Karina Milei se aceleró el armado partidario en las provincias, no solo en términos de candidaturas sino también de organización electoral.

Nada de esto implica, por ahora, una ruptura definitiva. Es posible que, en determinados escenarios electorales, ambas fuerzas vuelvan a coincidir, incluso en instancias de segunda vuelta. Pero el proceso ya está en marcha. El PRO comenzó a reconstruir su identidad, a ordenar su estrategia y a tomar distancia de un gobierno al que, hasta hace poco, acompañaba de manera central. Mientras tanto, como lectura política, empieza a consolidarse una idea: cada espacio deberá hacerse cargo de sus propios aciertos y de sus propios errores.

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