El rechazo opositor al presupuesto 2026 abrió el momento político más delicado que atraviesa el gobierno de Gustavo Barrera. En el oficialismo ya hablan de una ofensiva destinada a desgastar y condicionar la gestión hasta el límite. El conflicto ya empieza a impactar en áreas sensibles del municipio y reaparece entonces aquella definición de Winston Churchill en tiempos de guerra: “Sin victoria no hay supervivencia”.
Winston Churchill pronunció su histórico discurso ante la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940. “Blood, sweat and tears” Sangre, sudor y lágrimas. El histórico discurso de Churchill al asumir el cargo de primer ministro para dar batalla al nazismo quedó marcado por una definición brutal: “Sin victoria no hay supervivencia”.
Apenas tres días después de llegar al poder, Winston Churchill pronunció ante la Cámara de los Comunes el discurso que preparó a Gran Bretaña para la guerra total contra la Alemania nazi. En medio del derrumbe europeo de 1940 eligió hablarle al país sin promesas ni eufemismos. Un hombre de 65 años tomó sobre sus hombros el peso de la civilización occidental.
La Europa que Churchill heredó al asumir el cargo era un mapa de derrotas. Adolf Hitler había invadido Polonia en septiembre de 1939 y desde entonces la maquinaria militar nazi había barrido el continente con una velocidad que dejó atónitas a las cancillerías aliadas. Dinamarca cayó en un día. Noruega resistió algo más, pero también cayó. Países Bajos y Bélgica se rindieron en semanas. Francia, la gran potencia continental, todavía daba pelea.
Gran Bretaña quedó aislada. El panorama diplomático era desolador: Alemania se había aliado con Italia y Japón. Hitler había firmado el Pacto de Acero con Benito Mussolini y un pacto de no agresión con la Unión Soviética de José Stalin, lo que cerraba el flanco oriental y dejaba a los británicos sin aliados naturales en el continente. Estados Unidos, que había perdido 56.000 hombres en la Primera Guerra Mundial, no tenía ninguna intención de involucrarse: el gobierno de Franklin D. Roosevelt apenas emergía de la crisis económica desatada por la caída de Wall Street en 1929 y un nuevo conflicto europeo era profundamente impopular.
Su primera decisión fue armar un gabinete de coalición. Reunió a conservadores, laboristas, liberales e independientes bajo un mismo techo, en tiempos en que las diferencias entre ellos eran profundas y los rencores, antiguos. El flamante gobierno era un instrumento de guerra, no era una suma de intereses.
En sus memorias, Churchill describió el estado de ánimo con el que amaneció el día después de asumir: “Fui consciente de tener una profunda sensación de alivio. Por fin tuve la autoridad de impartir las órdenes pertinentes en todos los ámbitos. Sentí que caminaba con el destino y que toda mi vida pasada no había sido más que una preparación para ese momento y esa prueba”.
Tampoco disimuló la crisis ni la edulcoró. Churchill lo sabía. No los consoló con promesas vacías. Los convocó a resistir con la verdad. El objetivo, dijo, era uno solo: “La victoria a toda costa, la victoria a pesar de todos los terrores, la victoria, por largo y duro que pueda ser el camino, porque sin victoria no hay supervivencia”.
No era retórica por vanidad. Era retórica como herramienta de guerra.
Ochenta y seis años después de aquel 13 de mayo de 1940, el discurso que Churchill pronunció ante la Cámara de los Comunes sigue siendo el modelo de lo que un líder puede hacer con la verdad cuando no tiene nada más para ofrecer.
Pensaba…
¿Qué enseñanza le deja al intendente Barrera el recordatorio de este discurso? Justo en el momento de la crisis política interna más aguda de su administración.
“Sin victoria no hay supervivencia”.
Sí, la oposición en el HCD —al rechazarle el presupuesto 2026— pretende bajarlo a cualquier precio. Es una cuestión de supervivencia. En su afán de destitución, ya expresamente declarado, la oposición arriesga la salud pública, la provisión de medicamentos gratuitos, la ampliación del Hospital Municipal, la recolección de residuos, el transporte colectivo, el congelamiento de la Guardia Urbana de Seguridad y la compra de cámaras de monitoreo para Mar Azul, Mar de las Pampas y Las Gaviotas. No le importa el precio comunitario.
Y sí… es una cuestión de supervivencia; para Barrera y para muchos vecinos dependientes de esos servicios municipales. La frase “sin victoria no hay supervivencia” es terminal. Hay que prepararse sólo para la victoria, no hay otra opción, no se puede arriesgar con variantes perdedoras por tentadoras que fueren.
Volviendo a Churchill, su primera decisión fue armar un gabinete de coalición. Reunió a conservadores, laboristas, liberales e independientes.
Tal vez una decisión de esta naturaleza no sea factible. Es muy posible que el Dr. Barrera lo considere una rendición. Pero, aún así, tal vez sea el momento preciso de armar un Gabinete de Crisis. No es una guerra para librarla solo.
Un gabinete funcional, más que político, porque hay varios frentes que atender. Hay muy buenos idóneos y profesionales notables en Villa Gesell —funcionarios, exfuncionarios y privados— que podrían acompañarlo en este proceso que durará dos años. Son necesarios para atender áreas críticas que quedan desfinanciadas.
Hay que negociar con Santa Elena un plan de emergencia en la recolección de residuos. Hay que resolver con el ganador de la licitación de Transporte un convenio tarifario de invierno (de emergencia). Seguramente hará falta un empujón financiero del constructor del Hospital para terminar la obra con un pago refinanciado. Habrá que negociar con los farmacéuticos un plan de provisión de medicamentos básicos para el Hospital a precio de costo.
Hay que incrementar el mobiliario urbano, repavimentar media Villa Gesell, mantener la rambla. Hay que imaginar formatos comunitarios de seguridad urbana.
Un Gabinete de Crisis lo integran los idóneos que sepan cómo hacerlo y los profesionales que sepan negociar el auxilio financiero de cada área en peligro.
En cualquier caso, es hora de la imaginación al poder. Cuando no hay recursos, la imaginación es un bien capital. Y el espíritu comunitario también. Villa Gesell sabe de eso; o sabía. Este balneario de verano se hizo de la nada, a pura imaginación. A la Villa, los mejores arquitectos la hicieron bella, los comerciantes la hicieron próspera y los constructores hicieron fortunas.