Brunet
El Argentino

“Vivir en la Tierra es una mierda”, dijo el ET


O lo diría… si el extraterrestre de Spielberg fuera real.

Tal vez estemos presenciando el fin de la humanidad o el fin de la historia humana como la conocemos. En 2009, un grupo internacional de científicos encabezado por investigadores del Centro de Resiliencia de Estocolmo formuló el concepto de los nueve límites planetarios, destinados a definir un espacio seguro para la humanidad y preservar las condiciones de estabilidad que caracterizaron al Holoceno. Con el tiempo, ese marco científico fue actualizado y ampliado. En 2023, una nueva investigación incorporó además el concepto de límites “seguros y justos”: los primeros buscan preservar la estabilidad y resiliencia del planeta, mientras que los segundos consideran también el punto a partir del cual los cambios ambientales provocan daños significativos a las personas. Cuando un límite ha atravesado el margen establecido, se considera superado.

Los 9 umbrales y su estado actual

De acuerdo con las evaluaciones científicas más recientes, recogidas también por el periódico español El País, la situación actual de los nueve umbrales muestra que siete se encuentran superados y dos permanecen dentro del espacio considerado seguro.
Cambio climático: Superado. Las concentraciones de dióxido de carbono y el forzamiento radiativo antropogénico han superado los niveles considerados seguros.
Integridad de la biosfera: Superado gravemente. Tanto la diversidad genética como la integridad funcional de los ecosistemas se encuentran fuera del espacio considerado seguro.
Flujos biogeoquímicos: Superado. El uso excesivo de fertilizantes y la alteración de los ciclos del nitrógeno y del fósforo han superado los límites considerados seguros.
Cambio del sistema terrestre: Superado. La transformación de bosques y otros ecosistemas naturales para usos agrícolas, ganaderos y urbanos ha alterado significativamente el funcionamiento de los sistemas terrestres.
Entidades nuevas: Superado. La producción y liberación de sustancias químicas sintéticas, plásticos y otros compuestos creados por el ser humano supera la capacidad de evaluación y control de sus efectos sobre el planeta.
Aerosoles atmosféricos: Seguro a escala global. Aunque la contaminación del aire alcanza niveles peligrosos en numerosas regiones, este límite permanece dentro del espacio considerado seguro a escala planetaria.
Acidificación de los océanos: Superado. En 2025 pasó a considerarse el séptimo límite planetario superado.
Capa de ozono estratosférico: Seguro. Es uno de los dos límites que actualmente permanecen dentro del espacio considerado seguro.
Cambio del agua dulce: Superado. Las alteraciones de los sistemas de agua superficial y de la humedad del suelo han sobrepasado el límite planetario considerado seguro.

Para el ET está claro que todos estos umbrales de seguridad ecológica fueron y siguen siendo vulnerados por la acción antrópica. Nada es natural, o no lo parece. Seguramente le resulta incomprensible que la humanidad no resuelva estos problemas y no haya respondido a las advertencias científicas que vienen a los gritos desde hace 35 años. Sucede que, cuando mira a la humanidad, ve una sociedad que padece varias crisis sociales que no puede (no quiere) resolver.
Desigualdad económica: La brecha entre ricos y pobres sigue creciendo en numerosos países. La clase media se debilita en buena parte de Occidente, mientras millones de trabajadores pierden sus empleos o caen en la pobreza o la indigencia.
Hambre: Alrededor de 645 millones de personas padecen hambre y desnutrición, mientras unos 2.100 millones sufren inseguridad alimentaria moderada o grave, con una situación particularmente crítica en África y problemas agudos en América Central y Sudamérica.
Guerras: Actualmente existen más de 130 conflictos armados en el mundo, según el Comité Internacional de la Cruz Roja, mientras otros relevamientos identifican más de 50 conflictos armados de alta intensidad, además de numerosos conflictos de menor intensidad y enfrentamientos protagonizados por grupos armados no estatales.
Desplazamientos y crisis migratorias: Alrededor de 118 millones de personas se encuentran desplazadas forzosamente en el mundo como consecuencia de persecuciones, guerras, violencia, violaciones de los derechos humanos y otras situaciones que alteran gravemente el orden público. De ellas, cerca de 69 millones permanecen desplazadas dentro de las fronteras de sus propios países. A este fenómeno se suman las migraciones internacionales por razones económicas y laborales: la OIT estima que unos 168 millones de migrantes forman parte de la fuerza laboral de sus países de destino.
Violencia e inseguridad: El crimen organizado se expande especialmente donde encuentra instituciones debilitadas, corrupción y escasa presencia del Estado, y puede llegar a controlar territorios y desestabilizar comunidades enteras.
Emergencia ambiental: Los desastres provocan cada año millones de desplazamientos en todo el mundo. Solo en 2024 se registraron 45,8 millones de desplazamientos internos asociados a desastres, y al cierre de 2025, 13,6 millones de personas continuaban viviendo en situación de desplazamiento por esta causa. El cambio climático agrava numerosos riesgos ambientales y afecta directamente la salud de las comunidades.

A mí me resulta sorprendente que, a esta altura de los acontecimientos mundiales, cientos de millones de personas en el mundo todavía se rindan a los liderazgos extremistas, muchas veces estrafalarios. Este síntoma se agudizó después de la Primera Guerra Mundial.
Iósif Stalin (Unión Soviética, 1922–1953): Encabezó un régimen de terror caracterizado por los Gulags (campos de trabajo forzado), las grandes purgas políticas, las deportaciones y las hambrunas asociadas a la colectivización forzosa, entre ellas el Holodomor en Ucrania; las estimaciones se cuentan por varios millones y, al incluir la mortalidad asociada a las grandes hambrunas, pueden alcanzar alrededor de diez millones.
Adolf Hitler (Alemania, 1933–1945): Líder del nacionalsocialismo, desencadenó la Segunda Guerra Mundial en Europa y perpetró el Holocausto, con el exterminio sistemático de seis millones de judíos y la persecución y muerte de millones de personas pertenecientes a otros grupos.
Pol Pot (Camboya, 1975–1979): Al frente de los Khmer Rojos, su experimento agrario exterminó a cerca de un cuarto de la población camboyana, entre 1,5 y 2 millones de personas.
Kim Il-sung (Corea del Norte, 1948–1994): Estableció un régimen comunista totalitario y hermético, basado en un férreo culto a la personalidad y caracterizado por purgas políticas, ejecuciones, trabajos forzados y un sistema de campos de prisioneros en el que murieron cientos de miles de personas a lo largo de varias décadas. Tras su muerte, bajo el gobierno de su hijo Kim Jong-il, Corea del Norte sufrió durante la segunda mitad de los años noventa una devastadora hambruna que causó entre 600.000 y un millón de muertes.

La lista continúa. En el último siglo hemos tenido dictadores crueles, al mismo tiempo que muy extraños. Stalin tenía, entre su paranoia y su crueldad, afición por las artes; era un melómano, un gran lector… una mezcla rara. Pero creo que hasta ahora no habíamos visto un líder como Donald Trump, con semejante poder, dividiéndose el mundo con Vladimir Putin, teniente coronel y exoficial de la KGB, y el sonriente Xi Jinping, presidente de la República Popular China y secretario general del Partido Comunista.
Estamos como queremos, diría irónicamente un argentino.
Estamos viviendo una vida atroz; pero como en cada fin de ciclo humano, “cosas veredes, Sancho, que non crederes”. En todo caso, estamos viviendo vidas dignas de ser contadas; pero mucho me temo que sean vidas de otros, no la propia. Los gobernantes, las sociedades humanas en general, todos construyen su verdad; el poder tiene esa característica: impone (a través de sus leyes) la verdad pública, lo que se puede y lo que está prohibido. Sin embargo, la diferencia entre el bien y el mal, la verdad y la mentira, es muy clara; pero el Poder sabe cómo enhebrar un paquete de mentiras verdaderas para mantener su fachada social.
Mientras tanto, nosotros, los comunes, vamos viviendo sometidos a esas “verdades” que impregnan nuestros encuentros, nuestros amores, la crianza de nuestros hijos, nuestras lecturas, nuestra ideología, nuestra relación con el mundo y los otros seres vivos.

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