La bancada peronista en la Cámara de Diputados de la Nación presentó un proyecto de resolución reclamando al Poder Ejecutivo Nacional la aplicación del Fondo Nacional de Turismo, creado por la Ley N° 25.997, para financiar políticas de promoción turística.
Ya era tiempo de que alguien pegara un “grito de Asencio” en la Legislatura y rompiera la quietud: hace dos años que el sector atraviesa una crisis de recaudación, con “rentabilidad cero”.
En realidad, no es fácil explicar por qué se dispuso el abandono financiero del turismo con la quita del plan Previaje y otros beneficios similares para el consumo veraniego, toda vez que es millonaria en dólares la recaudación impositiva que genera la actividad solamente por el IVA devengado en temporada. Una vez descontado el 1,9% destinado al financiamiento propio de ARCA, el 11% de esa recaudación tiene como destino el sistema previsional y el 89% restante ingresa en la masa de la Coparticipación Federal de Impuestos.
Ahora, esta bancada impulsa una resolución para reclamarle al Estado que use los fondos asignados en el Presupuesto para incentivar una actividad que padece un retroceso alarmante en todos los destinos de turismo interno. Los destinos receptores de turismo internacional —CABA, Bariloche, Salta, Iguazú— equilibran la rentabilidad con los dólares de los viajeros extranjeros, pero sienten la pérdida de la clase media alta argentina que vacaciona en el exterior aprovechando el dólar planchado.
Todos los indicadores muestran una retracción de la actividad en los niveles de turismo interno, estadía promedio, ocupación hotelera y pernoctaciones; para peor, está bajando el volumen del turismo receptivo internacional. Hay que estimular la demanda turística interna, mejorar la competitividad de los destinos nacionales, promover el turismo receptivo y garantizar el sostenimiento de los prestadores y trabajadores vinculados a la actividad.
La reducción de las estadías constituye una expresión directa de las restricciones presupuestarias que enfrentan las familias, que progresivamente han reemplazado las vacaciones prolongadas por viajes más breves y escapadas de cercanía. Este escenario afecta especialmente a las pequeñas y medianas empresas y a los establecimientos de categorías intermedias y bajas. La combinación entre menores niveles de demanda, estadías más breves y dificultades para trasladar los incrementos de costos a las tarifas deteriora la rentabilidad de prestadores que constituyen una parte fundamental de la estructura turística nacional. Por otra parte, es posible que los índices de ocupación sean todavía más severos, porque la reducción temporal o permanente de establecimientos y plazas disponibles puede provocar que la tasa porcentual de ocupación se mantenga estable aun cuando disminuya la cantidad absoluta de habitaciones vendidas. En otras palabras, una oferta más reducida puede ocultar parcialmente la verdadera magnitud de la retracción de la demanda.
Los números muestran esa tendencia. En las vacaciones de verano de 2023 se registraron 33,8 millones de turistas, frente a 29,2 millones en 2024 y 28,1 millones en 2025. Para 2026 la cantidad se recuperó hasta 30,7 millones, todavía por debajo del nivel de 2023, mientras la estadía promedio quedó en 3,65 noches, un 12% menos que las 4,15 noches de tres años antes. La ocupación de habitaciones durante enero también mostró el retroceso: fue del 58,9% en 2023, bajó al 52,6% en 2024 y al 51,5% en 2025. En las vacaciones de invierno, la cantidad de turistas pasó de 5,5 millones en 2023 a 4,9 millones en 2024 y 4,3 millones en 2025. En 2026 se recuperó hasta 4,6 millones, aunque permaneció un 16% por debajo de 2023. También se redujo la estadía promedio, de 4,5 días en 2023 a cuatro días en 2026.
En el turismo internacional, durante el primer semestre de 2026 los egresos asociados al turismo emisivo alcanzaron los 3.404,1 millones de dólares frente a ingresos por 1.553,8 millones, lo que arrojó un saldo negativo de 1.850,3 millones de dólares. La apreciación cambiaria profundizó esta dinámica. Viajar al exterior se volvió relativamente más accesible para los residentes argentinos mientras nuestro país perdió competitividad para una parte de los visitantes internacionales. El resultado es una combinación particularmente perjudicial para los prestadores locales, que enfrentan simultáneamente una demanda doméstica debilitada y una mayor competencia de los destinos del exterior.
Una prueba palpable es la caída en la conectividad aérea de cabotaje. Durante 2026 se observa una retracción del mercado doméstico, con una disminución tanto en la cantidad de vuelos como de pasajeros transportados y asientos disponibles.
Los datos expuestos reflejan la difícil situación que atraviesa actualmente el sector turístico. La caída de la demanda, el acortamiento de las estadías, la menor ocupación y cantidad de pernoctaciones y el deterioro del turismo receptivo impactan directamente sobre una actividad de enorme importancia para las economías regionales y para miles de empresas, prestadores y trabajadores en todo el país.
El Estado nacional cuenta con el Fondo Nacional de Turismo, creado por la Ley N° 25.997. Este fondo se nutre, entre otros recursos, del 7% del precio de los pasajes aéreos, marítimos y fluviales al exterior. Sus recursos están destinados al cumplimiento de los objetivos establecidos por la Ley Nacional de Turismo, entre ellos la promoción de la Argentina como destino turístico internacional, a través del Instituto Nacional de Promoción Turística (INPROTUR), y el fomento, la promoción y el desarrollo de la actividad turística en todo el territorio nacional. Sin embargo, en el último año se advierte una brecha entre lo recaudado por el Fondo y los recursos efectivamente ejecutados. En el contexto que atraviesa el turismo, resulta necesario que esos fondos sean utilizados para los fines que establece la ley, tanto para fortalecer la promoción turística de nuestro país en el exterior como para impulsar el turismo nacional y acompañar el desarrollo de los destinos y de los actores del sector.
Sujetos a Derecho, los legisladores no deberían rechazar la resolución, porque se trata de solicitar el cumplimiento de una ley y de la partida dispuesta en el Presupuesto 2026.
En Villa Gesell
Mientras tanto, se conoce la respuesta del CFI y del Banco Provincia para los prometidos planes destinados a microemprendedores, PyMEs, cooperativas geselinas y prestadores hoteleros, gastronómicos y comerciantes locales. La Secretaría de Turismo informó la disponibilidad de líneas de asistencia financiera y créditos de fomento. Estas herramientas fueron presentadas formalmente durante el encuentro institucional encabezado por el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, a cargo del ministro Augusto Costa, junto a representantes del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y del Banco Provincia.
Entre las herramientas disponibles se encuentra la línea Competitividad PyME, con financiamiento de hasta $200 millones, una tasa fija nominal anual del 28% durante el primer año y, desde el segundo, una tasa variable TAMAR más dos puntos porcentuales. Las líneas programáticas para Mujeres y Verde contemplan montos de hasta $200 millones y $500 millones, respectivamente, con una tasa fija del 21% durante los primeros dos años. Triple Impacto permite financiar hasta $500 millones para proyectos con sostenibilidad medioambiental, social y económica, con una tasa fija nominal anual del 16,8% durante los primeros dos años. A ellas se suma el Programa de Acciones Sustentables y Gestión Energética, con financiamiento subsidiado al 16,8% para proyectos de eficiencia energética y desarrollo sustentable del sector productivo local.
La discusión llegó finalmente a la Cámara Baja. Tarde piaste. Pero llegó.