La elocuente retórica del presidente argentino está llena de afirmaciones, algunas aventuradas, que ya no impresionan a una sociedad que reclama resultados.
EQUILIBRIO FISCAL
Es cierto que Milei logró el equilibrio fiscal. ¿Cómo lo hizo?
En principio, ni bien comenzó su gestión, produjo una fuerte devaluación del peso. El Gobierno llevó el dólar oficial de unos $365/$380 a $800, mientras los dólares financieros se ubicaban alrededor de los $1.000. Durante la Administración Fernández (2019-2023), los bonos en pesos habían sido uno de los principales instrumentos del Ministerio de Economía para financiar el déficit fiscal ante el cierre de los mercados internacionales. La devaluación y el salto inflacionario inicial redujeron fuertemente, en términos reales, el peso de una parte de esas obligaciones en moneda local y, al mismo tiempo, licuaron jubilaciones, salarios públicos y partidas sociales.
De esa manera comenzaba el plan de ajuste con las medidas conocidas:
Parálisis casi total de la obra pública.
Reducción de las transferencias a las provincias: ATN, Fondo de Incentivo Docente, subsidios al transporte del interior, aportes a cajas previsionales y financiamiento de obra pública e infraestructura.
Recorte de programas del Estado.
El costo del ajuste cayó sobre jubilados, universidades, hospitales, ciencia e infraestructura. Al año siguiente se afirmó el proceso de recesión económica para contener la inflación. Durante la fase contractiva inicial se perdieron alrededor de 180.000 puestos de trabajo asalariados privados registrados y, finalmente, se derrumbó el consumo.
SALARIOS MEDIDOS EN DÓLARES SON LOS MÁS ALTOS DESDE 2017
Cierto. El salario registrado, cotizado al valor del dólar oficial, da un resultado similar al de 2017. Sobre todo porque el Ministerio de Economía hace meses que tiene el dólar planchado; pero no es ésta la forma de hacer la cuenta. Lo que debe medirse es la capacidad de compra del salario en relación con el año de referencia, aunque valga en dólares lo mismo que en 2017, porque también aumentaron los precios en dólares por la apreciación del peso. Medido por su poder adquisitivo, el salario actual sigue por debajo del de 2017.
LA ECONOMÍA ESTÁ MEJOR QUE ANTES DEL AJUSTE
La recuperación económica es desigual: crecieron el agro, Vaca Muerta, los laboratorios y la actividad financiera; en dos años, hubo tres períodos de carry trade que dejaron ganancias millonarias al sector. En cambio, industria, comercio y las economías regionales tienen dificultades gravísimas. Además, no es justo olvidar que el “efecto rebote” de la economía viene después de la bruta devaluación inicial, la parálisis de la obra pública y la caída del consumo.
REFORMA DE LA CARTA ORGÁNICA DEL BANCO CENTRAL
El Presidente lo presenta como una medida fundacional, irreversible. Lamentablemente, no es cierto. La Carta Orgánica del BCRA no tiene rango constitucional. Una futura mayoría de signo político diferente podría modificarla. La legislación actual permite adelantos transitorios al Tesoro dentro de determinados límites; un Gobierno puede decidir políticamente no utilizarlos, mientras que la reforma busca directamente prohibirlos. El Banco Central fue nacionalizado en 1946, reformado durante la Convertibilidad en 1992 y redefinido en 2012. Todas esas modificaciones alteraron profundamente su rol. Sin consensos políticos duraderos, la nueva reforma también podría ser revertida.
Sin embargo, es correcta toda medida que le devuelva al Banco Central su independencia absoluta en la vigilancia de la cotización de la moneda nacional.
LOS AVANCES EN EL TEMA MALVINAS LOS LOGRÓ ESTE GOBIERNO
Hasta agosto, no. Durante la gestión de Milei no se habían reanudado las negociaciones bilaterales de soberanía con el Reino Unido, que mantiene su negativa a discutirla pese a los reiterados llamados de Naciones Unidas. Hubo contactos y acuerdos sobre cuestiones prácticas, pero no negociación sobre soberanía.
Desde septiembre, sin embargo, hubo un cambio en la conducta argentina. El Gobierno aceleró la aplicación de la Ley 26.659 contra empresas vinculadas con la explotación hidrocarburífera en Malvinas, incorporó su cumplimiento como condición explícita para acceder a los beneficios del RIGI e inició procedimientos sancionatorios contra decenas de personas y compañías. La medida ya produjo efectos: grandes proveedoras internacionales de servicios petroleros se desmarcaron del proyecto Sea Lion para no comprometer sus operaciones en Argentina.
Eso no significa que haya comenzado una negociación de soberanía. No la hay. El Reino Unido mantiene su posición y Naciones Unidas continúa reconociendo la existencia de una disputa y reclamando negociaciones bilaterales. Lo que cambió fue la intensidad de la política argentina frente a la explotación unilateral de recursos.
El giro se produjo, además, después de que el reclamo por Malvinas volviera a ocupar el centro de la escena pública durante el Mundial. Una encuesta de Aresco realizada en ese clima mostró que más del 80% de los argentinos sostiene que el país debe continuar reclamando la soberanía, con niveles de adhesión superiores al 90% cuando se suma a quienes creen que hay que perseverar aun sin esperar una solución inmediata. Es un consenso transversal, incluso entre votantes de fuerzas políticas enfrentadas.
Milei sigue siendo un confeso admirador de Margaret Thatcher y eso forma parte de una contradicción política difícil de ignorar. Pero después del giro de septiembre ya no sería correcto afirmar que su Gobierno no hizo nada relevante en Malvinas. Lo que todavía no hizo es conseguir que el Reino Unido se siente a negociar soberanía.
DISMINUCIÓN DE LA LÍNEA DE POBREZA
La mejora de la pobreza depende de una comparación estadística discutible. La medición oficial sigue utilizando para la construcción de la canasta una estructura de gastos que no refleja plenamente el peso actual de rubros como alquileres, servicios y transporte, que aumentaron su participación en el presupuesto de los hogares. Pero, aun así, lo que importa es la lectura integral, no solamente estadística: la caída del salario real, el deterioro de las jubilaciones, el aumento de los servicios públicos y la crisis de consumo generan un achatamiento de la pirámide socioeconómica. La pobreza será menor en los números oficiales, pero el empobrecimiento de la clase media es mayor: la pirámide se hace más ancha y más chata por abajo y más aguda y más delgada por arriba.
DOLARIZACIÓN Y CIERRE DEL BCRA
Ambos anuncios quedaron postergados para una difusa etapa futura.
La dolarización, presentada como la solución definitiva contra la inflación, nunca se implementó. Tampoco se cerró el Banco Central, una de sus principales banderas electorales; al contrario, ahora busca fortalecerlo institucionalmente, lo cual está bien.
En todo caso, mejor así; ambas iniciativas eran un disparate.