Brunet
El Argentino

Buey solo bien se lame


Milei no necesita aliados liberales que le bajen el tono, sólo necesita sus votos

De alguna manera (aún no alcanzo a entender cómo), el discurso libertario de Milei logró reemplazar la histórica discusión sobre la redistribución de la riqueza por la política de la identidad personal. La sociedad argentina pasó del pensamiento colectivo al pensamiento individual. Es el signo notorio del siglo XXI, el individualismo. Representar la expresión personal en la vida pública fue un paso fundamental en el crecimiento del voto liberal y el uso inteligente de las redes virtuales es el instrumento utilizado a ese fin; muy a tempo de las nuevas ideologías de este siglo. Si el instrumento de esta sinfonía son las redes sociales, la melodía es la “política del odio”, un discurso electoral que fomenta el “voto anti”. De allí a “la grieta” social hay un paso porque, si el voto deja de ser colectivo para ser individual, el que no está de acuerdo conmigo me está atacando personalmente. Es simple, si tu vida personal pasa a estar en el centro de la lucha política y deja de estar en la esfera pública, ya no se vota por un partido político, una ideología o una doctrina; se vota por una cuestión personal, se vota en venganza y, para ello, es muy adecuado un candidato de la extrema derecha.

En 2023 votaron a Milei los que estaban hartos de ser rehenes del pensamiento colectivo. Fue un voto en contra del estigma autoritario de una política elitista (tanto liberal como progresista), plena de excesos, corrupción y fuga de capitales. Coincidente con ese espíritu, el estilo punitivo de Milei era el adecuado. Votaron por un candidato extravagante, un poco loco, de a ratos carnavalesco, pero espontáneo, auténtico. Nadie le prestó mucha atención al discurso económico de Milei; alcanzó que prometiera “motosierra contra la casta” y “ajuste fiscal” del gasto público. En la segunda vuelta recibió el 55% de los votos.

En los últimos gobiernos de la izquierda peronista cualquier forma de disidencia se interpretaba como fascismo. Un error de elitismo intelectual, ilustrado. Cualquier disidencia relacionada con el modelo de asistencia social se consideraba segregación y no lo era. Superada la emergencia, cumplido un plan de contingencia, hay formas mejores que emitir moneda para financiar la asistencia del Estado. Por su parte, los gobiernos liberales, todos, desde Martínez de Hoz hasta Macri, dejaron como saldo un incremento exuberante de la deuda externa, fuga de divisas y mucha “patria financiera”. Además, curiosamente, presumen de ser la modernidad para la clase trabajadora a la que consideran atrasada; pero, cuando la clase obrera les plantea el desafío de mejorar su cuota parte en el PBI nacional, pasa a ser considerada el enemigo.

El peronismo gobernado por Cristina sin Néstor es lo que hubiera sido el gobierno de Evita si el muerto en el 52 hubiera sido Perón. El peronismo necesita recuperar el equilibrio interno y para eso se necesita el pivote del péndulo, el punto fijo alrededor del cual oscila el sistema justicialista, de la Justicia Social al desarrollo del Capital Nacional. Por ahora, otro Perón no hay, así que lo tendrán que resolver por la organización que vence al tiempo. No es tarea fácil de resolver en un año o menos. Hay que presentar candidatos el próximo junio. Tal vez, la clave de su recuperación como alternativa política confiable comience por entender que ya no se trata de "ganarle" a una ideología como si fuera una competencia deportiva, sino de entender sus fundamentos, sus límites prácticos y debatir con argumentos basados en la realidad, la evidencia y los derechos colectivos.

Los viejos liberales de Alberdi y Adam Smith, salvo un cambio inesperado, están atados al destino de Milei. Sin embargo, los liberales tradicionales coinciden con el equilibrio fiscal y la apertura del mercado comercial; pero marcan fuertes diferencias en el plano institucional, argumentando que la libertad económica es inseparable de la calidad republicana. Critican la concentración de facultades en el Ejecutivo, el cuestionamiento a la división de poderes, el uso frecuente de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) y los discursos insultantes. Sostienen que el Estado debe actuar como un árbitro activo para garantizar la libre competencia y proveer redes de contención social e infraestructura básica allí donde el mercado no llega de forma eficiente. El ideario liberal es un conjunto de principios económicos preexistentes que trasciende a cualquier líder circunstancial. La defensa del libre mercado, la propiedad privada y la libertad individual continuarán de forma independiente de los resultados electorales. Rechazan la premisa oficialista de que el Estado es siempre una organización criminal.

En suma, antes que debatir cuál es la línea dominante en el peronismo entre cristinistas, renovadores y doctrinarios, hay tres principios que defender en las próximas elecciones:

El rol insustituible del Estado.
Los principios libertarios pueden funcionar en la teoría, pero flaquean en la práctica. Sostener que "el Estado es un robo" (anarcocapitalismo) es una falacia. El Estado de derecho es necesario para sostener el monopolio de la fuerza pacífica, resolver conflictos, garantizar la justicia y la infraestructura básica de salud, educación y regulación antimonopólica que el mercado por sí solo no provee con equidad.
La paradoja de la meritocracia
El libertarismo asume que la sociedad es una competencia limpia donde "gana el más fuerte", como en una selección natural. Sin embargo, no se puede ignorar que las desigualdades estructurales, el origen social, la discapacidad o las vulnerabilidades convierten a la "libertad" abstracta en un privilegio para quien ya tiene recursos, dejando desprotegidos a los sectores más frágiles.
Defender el pensamiento colectivo y la empatía humana
El libertarismo atomiza la sociedad en individuos aislados. Una postura crítica sólida no niega el valor de la iniciativa individual, sino que la complementa recordando que las sociedades humanas requieren cooperación, redes de contención, bienes públicos y solidaridad intergeneracional para ser viables y sostenibles a largo plazo. Es muy posible que no exista una cura definitiva para el sufrimiento humano; pero, hay una manera de hacer del sufrimiento humano el fundamento de un sentido ético y político de solidaridad con los demás.

Si el peronismo no lo hace, el pueblo tendrá que hacerlo solo en el cuarto oscuro, voto a voto. Es más, bien harían en entender que gran parte del ausentismo electoral no son liberales decepcionados, sino peronistas críticos. En definitiva, ¿cuál es la palabra correcta para decir hambre? Hambre. No hace falta más.

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